Países en vías de desarrollo como Haití tienen altas tasas de desnutrición crónica en niños por falta de acceso a la leche materna. La recomendación de expertas de Enfermería UC es mantener la lactancia exclusiva para proteger el sistema inmunológico, prevenir enfermedades graves y salvar vidas.
La creencia de que la leche materna “no llena” o es de “mala calidad” es uno de los argumentos predominantes al momento de hablar de opciones nutricionales para recién nacidos.
A pesar de los beneficios reconocidos de la lactancia y que la OMS promueve su consumo exclusivo durante los primeros seis meses de vida, aún perduran prejuicios que llevan a madres y familiares a considerar como mejor alternativa alimentos complementarios.
Sin embargo, la evidencia científica demuestra que la leche materna no solo es óptima, sino vital: reduce drásticamente el riesgo de muerte en países en vías de desarrollo como Haití, donde uno de cada cinco niños sufre desnutrición crónica y menos del 40% tiene acceso a ella.
Ante este contexto, expertas de la Escuela de Enfermería UC alertan sobre la importancia de erradicar mitos en comunidades de países en desarrollo y convertir la lactancia en un escudo salvavidas en los primeros años de vida.
Es por esto que articularon el programa “Puentes de Leche” junto a la Fundación Leche para Haití y la Comunidad de la Leche, financiado por Fondo Chile, para capacitar y certificar a profesionales de la salud haitianos mediante cursos en línea y talleres presenciales centrados en educación para adultos y metodologías de autoeficacia familiar, buscando replicar estas competencias en las comunidades más afectadas.
“En Haití y zonas donde predomina el agua contaminada y se carece de condiciones de higiene o atención médica, la fórmula incrementa drásticamente el riesgo de gastroenteritis, diarrea y deshidratación grave”, enfatizan Camilia Lucchini y Francisca Márquez, investigadoras de Enfermería UC. Las fórmulas, apuntan, contienen proteínas complejas de digerir para un lactante y pueden provocar inflamación intestinal, hinchazón y cólicos, lo que en contextos vulnerables puede conllevar severos riesgos biológicos.
En comparación, la leche materna aporta enzimas que facilitan la digestión y benefician el apego con la madre, el desarrollo cognitivo y la coordinación neuronal. Además, genera una carga de anticuerpos capaz de adaptarse a las necesidades y contextos complejos que habita un bebé. Esta protección integral fortalece el sistema inmunológico del recién nacido, protege de infecciones respiratorias y de oído, y disminuye el riesgo de obesidad, diabetes y alergias en la vida adulta.
Sobre el impacto de la lactancia, Natalia Montaldo, enfermera del Comité de Lactancia UC, señala que el calostro o “gotita de oro” puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. “Funciona como primera vacuna que transfiere al recién nacido la memoria inmunológica que la madre construyó durante toda su vida”, afirma Montaldo.