Por Camila Lucchini, académica Escuela de Enfermería UC y Ángela Valdés, Directora Departamento de Enfermería Universidad de Antofagasta.
Columna de Opinión en El Mercurio de Antofagasta.
Las listas de espera oncologicas constituyen uno de los principales desafios de nuestro sistema de salud. Para duna persona que enfrenta un diagnóstico de cáncer, los tiempos importan. Y en regiones, donde persisten brechas en el acoso a atención especializada, avanzar hacia modelos que permitan responder de manera más oportuna, coordinada y cercana a las necesidades de las personas resulta especialmente relevante.
En este escenario, la Enfermeria de Práctica Avanzada (EPA) representa una oportunidad. Se trata de enfermeras y enfermeros con formación de posgrado y competencias dinicas avanzadas, preparados para asumir cuidados de mayor complejidad, contribuir al seguimiento de pacientes, favorecer la continuidad de la atención y fortalecer la coordinación y el trabajo colaborativo de los equipos de salud.
La experiencia del Hospital Carlos Van Buren, que logró reducir en un 30% su lista de espera oncológica mediante la incorporación de EPAs, demuestra que existen nuevas formas de fortalecer la capacidad de respuesta de los equipos de salud y el desarrollo de capacidades en las regiones.
Antofagasta tiene hoy una oportunidad concreta. A través de un proyecto financiado por el Gobierno Regional de Antofagasta, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Antofagasta estamos formando profesionales de la región como EPAs en oncología, con el propósito de fortalecer la atención de las personas con cáncer desde el propio territorio. Esta iniciativa trasciende la formación de un grupo de profesionales. Formar capital humano avanzado en la región permite instalar capacidades que permanezcan en ella, fortalecer los equipos locales y contribuir progresivamente a disminuir inequidades en el acceso a atención especializada.
Incorporar EPAs no significa reemplazar a otros profesionales. Supone ampliar las capacidades de los equipos, favorecer un trabajo colaborativo y aprovechar el conocimiento especializado de Enfermeria para responder a necesidades cada vez más complejas. Enfrentar las brechas en cáncer requiere recursos, infraestructura y especialistas, pero también innovar en la manera en que organizamos y entregamos el cuidado. Desarrollar capacidades avanzadas de Enfermería desde y para las regiones es una oportunidad para avanzar en esa dirección.
Este proyecto representa una experiencia prometedora para Antofagasta y abre una oportunidad para seguir innovando en la forma en que entregamos atención oncológica en las regiones. Esperamos que los aprendizajes de esta iniciativa permitan evaluar su impacto y sentar las bases para replicar este modelo en otros territorios, adaptándolo a las necesidades y realidades locales. De esta manera, buscamos contribuira una atención más oportuna, cercana y equitativa para las personas con cáncer a lo largo de Chile.
La experiencia de Antofagasta puede ser un punto de partida para demostrar que fortalecer las capacidades locales y formar profesionales especializados en los propios territorios es también una estrategia concreta para avanzar hacia un sistema de salud más descentralizado y con mayor capacidad de respuesta.