“¿Qué significa realmente estar en la primera línea?”, se pregunta Javiera Inostroza, joven enfermera UC, tras un largo turno que realizó en la Clínica San Carlos de Apoquindo, donde trabaja. Reflexiona unos minutos frente al computador en su casa. La respuesta no es fácil; las emociones y las vivencias de estas semanas se agolpan, pero finalmente las palabras se ordenan: “Significa exponerte directamente a situaciones de riesgo sabiendo cuáles podrían ser las consecuencias para ti y tu familia; es entregarse en cuerpo y alma para brindar cuidados de calidad a personas que están pasando un mal momento, pero por sobre todo significa luchar con toda la garra posible para sacar a nuestro pueblo de esto y devolverle la tranquilidad que se merece”, afirma.

Javiera tiene esta vocación de servicio desde temprano, y se la jugó por ella. Si bien asistió a un liceo técnico con el fin de recibir un título que le permitiera ayudar económicamente a su mamá, jefa de hogar, el proyecto de seguir una carrera en el ámbito de la salud era fuerte, pero rodeado de incertidumbre. “Estaba la disyuntiva de cómo iba a pagar la universidad, porque obviamente el entrar es algo, pero pagarla es otra cosa completamente distinta”. A pesar de esto, siguió con sus planes y, de la mano del incondicional apoyo de su familia y de centrarse en preparar intensamente la PSU, ingresó a Enfermería, carrera que estudió con el apoyo de becas de la UC. 

100% dedicada a estudiar, 100% dedicada a ayudar

Las becas de Javiera le quitaron de encima el peso de tener que trabajar para solventar sus estudios, lo que le permitió enfocarse en su vida universitaria. De esta forma, en la actualidad los enfermos de covid-19 que atiende reciben la atención de una profesional de excelencia, comprometida y empática. Por lo mismo, ella recalca la importancia de donar hoy a proyectos como el Endowment UC, el que entregará becas a estudiantes de contextos vulnerables: “La importancia de apoyar a jóvenes que ingresan a la universidad con sueños y deseos de mejorar Chile es vital, ya que en el futuro toda esa ayuda es devuelta (…) Si no fuese por los donantes, probablemente hoy habría una enfermera menos peleando contra este virus”.

Javiera sabe que el descanso en su casa será breve y que deberá volver a enfrentarse al coronavirus en unos días más, y lo hará con ese espíritu de servicio que la guió desde los primeros días: “El exponernos a situaciones en donde podríamos resultar enfermos no es solo por obligación, también es porque deseamos y queremos cuidar a quienes lo necesitan, tenemos vocación de servicio y de cuidado; somos personas que ingresamos a carreras del área de la salud conscientes de los riesgos que esto supondría para nosotros, pero con una convicción clara: cuidaremos a aquellos que lo necesiten, en el momento y circunstancia que lo necesiten, de la mejor forma posible”.

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Pontificia Universidad Católica de Chile